En este artículo Carmen Sofía Coz analiza cómo la metacognición y el pensamiento crítico se convierten en habilidades esenciales para que los adolescentes usen la IA con autonomía y criterio, consiguiendo que el uso de IA potencie el desarrollo de sus habilidades superiores.
La educación actual responde a desafíos de un mundo globalizado, dinámico y en constante transformación, ante esta realidad es necesario replantear un enfoque educativo que considere una educación integral y global, que promueva en los estudiantes el desarrollo de capacidades que permitan enfrentar los retos del contexto en que se desarrollan.
En el actual contexto educativo, la incursión de la inteligencia artificial generativa plantea nuevos retos y oportunidades para el desarrollo del pensamiento crítico en los adolescentes. Esta tecnología, capaz de producir soluciones de manera autónoma, transforma la forma en que los estudiantes acceden, procesan y construyen conocimiento.
“El pensamiento crítico es un proceso cognitivo complejo que implica la capacidad de analizar, sintetizar y evaluar información de manera objetiva y racional.” (Bernal-Piza, 2025, p. 5)
Diversas herramientas de IA permiten personalizar y mejorar la experiencia de aprendizaje, permitiendo adaptarse al ritmo de aprendizaje, ajustando el contenido con ayuda de algoritmos (aprendizaje adaptativo) de acuerdo a las necesidades especiales, permitiéndoles enfrentarse a desafíos de acuerdo con el progreso y al nivel de competencia; funcionando como un refuerzo pedagógico al recibir apoyo especifico, promoviendo avances de manera autónoma, y ofreciendo en algunos casos analíticas del aprendizaje.
La IA está revolucionando rápidamente la forma en que accedemos, procesamos y utilizamos la información para aprender. En las escuelas se aprecian estudiantes empleando esta tecnología para completar sus actividades académicas sin realizar procesos de investigación o elaboración propia de sus trabajos monográficos; mientras que, por otro lado, se aprecia quienes integran la IA para transformar e innovar su aprendizaje. De esta manera se afirma que la IA tiene consecuencias positivas y negativas que dependen del fin de su aplicación.
El objetivo de la IA es imitar procesos de pensamiento y razonamiento del ser humano a través de diferentes sistemas computacionales, sin embargo, es importante abordar cómo se está implementando en las escuelas, desde la mirada de estudiantes y maestros, si el objetivo común es potenciar, innovar y mejorar los procesos de enseñanza aprendizaje aprovechando las diferentes aplicaciones de esta tecnología; la escuela deberá establecer protocolos que permitan visualizar el impacto del uso de esta tecnología desde las implicancias éticas y la reflexión, promoviendo en la escuela un cultura de integridad que promueva el aprendizaje honesto y significativo.
Las habilidades del pensamiento y la IA
La taxonomía de Bloom en la era digital se ha adaptado al incorporar herramientas tecnológicas para el desarrollo de habilidades de pensamiento de orden inferior hasta el orden superior. Estos niveles son importantes para entender la diversidad del pensamiento crítico.
Los seis niveles jerárquicos de aprendizaje establecidos: recordar, comprender, aplicar, analizar, evaluar y crear se pueden adecuar a entornos digitales en este contexto de tecnología educativa; promoviendo el desarrollo de habilidades del siglo XXI como lo son: el pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación efectiva, y la colaboración.
Bajo este contexto, la Inteligencia Artificial puede apoyar los distintos niveles cognitivos propuestos en la taxonomía revisada de Bloom, desde la comprensión hasta la creación, mediante herramientas como chatbots, simuladores, sistemas de análisis y aplicaciones generativas (Anderson & Krathwohl, 2001; UNESCO, 2021).
- Para recordar y comprender, se tienen los chatbots para formular diversos tipos de preguntas para recibir información detallada de diferentes conceptos
- Para aplicar, como los simuladores para la exploración y el descubrimiento.
- Para analizar, herramientas que permitan el análisis de volúmenes de información, favoreciendo el desarrollo del pensamiento crítico en los estudiantes.
- Para evaluar, aplicaciones que ayudan a encontrar errores y apoyan en la argumentación de ensayos o trabajos académicos.
- Para crear, aplicaciones que permitan la generación de contenidos y el desarrollo de la creatividad.
Todas estas aplicaciones a pesar de sus ventajas y de favorecer el desarrollo de habilidades superiores demandan una implementación crítica, reflexiva y sobre todo pedagógica con la intención que su aplicación potencien habilidades del pensamiento sin generar dependencia y automatización que afecten el aprendizaje, muy por el contrario que permita mejorar el proceso enseñanza aprendizaje. Pues no se trata de prohibir, sino enseñarse a usar responsablemente.
Escucha también nuestro podcast: El impacto de la IA en el desarrollo de la metacognición y el pensamiento crítico en los estudiantes Te invitamos a disfrutar de este episodio especial donde exploramos las ideas principales de este tema con el apoyo de un archivo de audio que puedes escuchar en cualquier momento.


La intervención pedagógica
Precisamente, garantizar el uso responsable es el desafío que enfrentan hoy las escuelas al ajustar sus enfoques a esta emergente tecnología, se plantea un reto a la didáctica de los maestros que implica que estas habilidades de pensamiento prevalezcan frente a un aprendizaje memorístico, sin razonamiento y sin toma de decisiones.
La incorporación de estas aplicaciones en el aprendizaje debe proporcionar evidencias claras del avance y rendimiento de los estudiantes, reduciendo así el riesgo de un uso indebido o poco ético de contenidos generados mediante inteligencia artificial.
En este sentido, los maestros han de adaptarse a este contexto educativo, cambiando de actividades centradas únicamente en la reproducción de información hacia experiencias que promuevan el pensamiento crítico (análisis, comparaciones, argumentaciones), la creatividad (generación de contenido) y la aplicación del conocimiento (toma de decisiones, evaluación de los contenidos generados por IA); enfocadas en el proceso más que en la producción final, relacionadas a experiencias reales, es decir contextualizadas; estableciendo prioridad al criterio de verificaciones de las fuentes y las implicaciones éticas.

Metacognición y pensamiento crítico
Sin embargo, para que esta transformación sea genuina y duradera, no basta con rediseñar actividades: es necesario cultivar en los estudiantes la capacidad de observar y regular su propio proceso de aprendizaje. Es aquí en donde la metacognición se vuelve indispensable. John H. Flavell (1970), la describe como la capacidad de reflexionar sobre el propio pensamiento, de tomar conciencia de sus propios procesos de aprendizaje. Esta capacidad mental superior permite al estudiante darse cuenta si está aprendiendo, si necesita experimentar una nueva estrategia, enfrentarse a sus propios conflictos cognitivos para reorganizar sus esquemas mentales cuando se da cuenta que no sabía lo suficiente; para finalmente evaluar su desempeño en función a su aprendizaje.
La metacognición ayuda a la interacción con la IA, al tomar conciencia de nuestros procesos de pensamiento estamos en la capacidad de evaluar la información obtenida por la IA, dado que ésta opera de manera opaca, es decir que podemos ver los resultados, pero no comprendemos cómo la IA llega a resultados o conclusiones (Burrel, citado en Fondón-Ludeña, 2024)
El pensamiento crítico permite transformar la información en conocimiento, es decir desarrollar procesos como el análisis, la interpretación, la argumentación; procesos que conllevan a que el aprendizaje sea significativo.
Por otro lado, “el pensamiento crítico es fundamental para evaluar realmente el tipo de información que la IA nos proporciona, que puede ser parcial o errónea. Por ello, es crucial adquirir y potenciar habilidades que nos permitan tomar decisiones informadas” (Fondón-Ludeña, 2024). Ambas capacidades promueven un estudiante en examinador del conocimiento.
Una Investigación reciente de la universidad del Zulia (Venezuela) aplicada a 88 maestros de la Facultad de Educación, reveló que un 52% considera que la IA fomenta el pensamiento crítico, un 50% muestra preocupación por el riesgo en la pérdida de habilidades analíticas y un 71% expresa preocupación por el impacto negativo en la autonomía de los estudiantes. Esta información sugiere que los maestros no se oponen a la tecnología en sí, sino a la ausencia de un marco pedagógico claro que oriente su uso. En otras palabras, el problema no es la herramienta, sino la falta de condiciones para usarla sin ceder el protagonismo del aprendizaje al estudiante.
Por otro lado, Sepúlveda-Irribarra ET AL., (2024) sostienen que la IA representa en paralelo una potencia y una amenaza para la creatividad y el pensamiento crítico, y que el resultado final depende fundamentalmente del diseño pedagógico y no de la tecnología en sí misma, sostienen además, que es desde la educación donde se pueden diseñar experiencias que integren IA para moderar su impacto y regular su acceso.
Conclusiones
La metacognición es especialmente importante en tiempos de Inteligencia Artificial (IA) porque transforma al estudiante de un simple usuario de tecnología en un aprendiz crítico, consciente y responsable. En el aula, esto se traduce en incorporar rutinas metacognitivas: preguntas de cierre como ¿qué aprendí hoy?, ¿cómo llegué a esa conclusión?, ¿qué haría diferente?, que entrenen al estudiante a ser consciente de su propio pensamiento antes, durante y después de interactuar con herramientas de IA.
Un estudiante con pensamiento crítico es un estudiante que se evidencia dinámico en el proceso de transformación de su propio aprendizaje, para que esto suceda, urgen maestros que motiven y desafíen constantemente a sus estudiantes a aplicar este pensamiento a contextos reales de su (contexto cultural) entorno inmediato primero, y así seguir en el camino de formar ciudadanos con conciencia global comprometidos con el cambio. Es decir, enseñarles a pensar de formas no convencionales, fomentando el pensamiento divergente, la metacognición, aprendizaje basado en proyecto y otras estrategias que fortalezcan este tipo de pensamiento. Valencia Altamirano, J. E., & Gonzales Torres, C. N. (2024) señalan que estas metodologías potencian el aprendizaje activo, la colaboración y el pensamiento crítico entre pares; favoreciendo un enfoque más participativo y menos centrado en la imagen del maestro.
Aun cuando la IA se encuentra establecida en la educación de manera poco formal, es necesario que el maestro se desligue de métodos tradicionales y opte por un enfoque constructivista y facilitador en donde aplique estrategias necesarias de problematización, de dialogo, de reflexión que les permitan abordar las exigencias sociales que se demanden. Los maestros han de migrar hacia tareas que exijan argumentación, comparación, toma de decisiones y evaluación de fuentes, priorizando el proceso sobre el resultado y vinculando los aprendizajes a situaciones reales y contextualizadas.
La IA no es negativa per se, puede convertirse en un riesgo sin la debida orientación pedagógica. La enseñanza en este contexto es usarla como herramienta de apoyo siempre fomentando el pensamiento crítico (el cuestionamiento), la validación de fuentes, y la reflexión. Esto insta a los maestros a enseñar explícitamente cómo verificar, contrastar y cuestionar la información, incluyendo la generada por IA. La integridad académica y el uso honesto del conocimiento deben tratarse como competencias enseñables, con criterios claros y prácticas sostenidas en el tiempo.
El artículo deja claro que la IA puede apoyar todos los niveles de la taxonomía de Bloom, desde recordar hasta crear. La implicancia pedagógica directa es que el maestro debe diseñar actividades donde la IA funcione como punto de partida y no como respuesta final: por ejemplo, pedir al estudiante que evalúe, cuestione o mejore lo que la herramienta genera, convirtiendo el output de la IA en objeto de análisis y no en producto entregable.
Como concluyen Sepúlveda-Irribarra et al. (2024) citados en el artículo, el resultado del uso de IA depende fundamentalmente de cómo se diseña la experiencia educativa. El maestro tiene un rol central e insustituible como arquitecto de situaciones de aprendizaje que aprovechen la IA para potenciar habilidades superiores, garantizando que el protagonista del proceso siempre sea el estudiante.
Bibliografía
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Fondón-Ludeña, A. (2024). Metacognición y pensamiento crítico en la sociedad de la Inteligencia Artificial: del aula a la sociedad [Metacognition and critical thinking in the Artificial Intelligence society: from the classroom to society]. European Public & Social Innovation Review, 9,1-19. https://doi.org/10.31637/epsir-2024-492
Guerra Rivadeneira, G., Mendoza-Veloz, T., Pinza-Medina, S., Sanchez- Quevedo, L., Vásquez-García, M., & Nuñez-Estrada, S. (2024). Herramientas Digitales en la Era del Aprendizaje: Un Análisis Comprehensivo basado en la Taxonomía de Bloom. Green World Journal, 7(02). https://doi.org/10.53313/gwj72140
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Taxonomía “revisada” de Bloom (Anderson y Krathwohl, 2001) https://www.ubu.es/sites/default/files/portal_page/files/att00013.pdf
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Valencia Altamirano, J. E., & Gonzales Torres, C. N. (2024). El rol de la tecnología en la educación moderna. Green World Journal, 7(02). https://doi.org/10.53313/gwj72172
